A los 10 años de la muerte de mi abuelo Percy Hill, el 7 de octubre de 1970, en la casa de Tiny Hill Terán de Médici se reunieron los cinco hijos sobrevivientes de don Percy Hill y Tomasa Guadalupe Terán. Allí estuvieron Nelly Hill Terán de Pérez de Nucci, Jorge Hill Terán, Leonor Hill Terán de Rosales (mi madre), Mabel Hill Terán de Gortari y la dueña de casa.

Durante la reunión trataron la donación de los 20.291 metros cuadrados se superficie que la familia tenía en Yerba Buena para ser destinado a un parque botánico. Ese era el deseo de don Percy. Se decidió donar el predio a la -en ese entonces- comuna de Yerba Buena. En aquel tiempo poseía 200 árboles característicos de la selva tucumana, repartidos en 21 especies; un sotobosque compuesto por enredaderas, helechos y fauna variada, según el censo del Instituto Miguel Lillo. Fue considerado un monumento natural único, según códigos de la ONU. Antiguamente se lo conocía como "monte de la cocinas" porque allí preparaban, en el siglo XIX, la comida para uno de los regimientos de la Guardia Nacional con asiento en Tucumán.

Lamentablemente, hoy el parque-reserva-museo está en estado de franco abandono y, sin ser mi intención señalar responsabilidades de ningún orden, elevo a quien corresponda mi anhelo para que se retomen las decisiones, resoluciones, convenios e iniciativas para transformar el actual baldío inseguro en lo que fue: en el espíritu y letra de la donación familiar que significaba a la memoria de un filántropo humanitario y generoso como fue mi abuelo Percy.